TALLER 8
LA VENTANA DEL HOSPITAL
Dos hombres, seriamente enfermos,
ocupaban la misma habitación en el hospital. A uno de ellos se le permitía
estar sentado una hora todas las tardes para que los pulmones drenaran sus
fluidos. Su cama daba a la única ventana de la habitación.
El otro hombre tenía que estar
tumbado todo el tiempo. Los dos se hablaban mucho. De sus mujeres y familiares,
de sus casas, trabajos, el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones.
Y todas las tardes el hombre que
se podía sentar frente a la ventana, se pasaba el tiempo describiendo a su
compañero lo qué veía por la ventana. Éste, solamente vivía para esos momentos
donde su mundo se expandía por toda la actividad y color del mundo exterior.
La ventana daba a un parque con
un bonito lago, patos y cisnes jugaban en el agua mientras los niños
capitaneaban sus barcos teledirigidos. Jóvenes amantes andaban cogidos de la
mano entre flores de cada color del arco iris. Grandes y ancestros árboles
embellecían el paisaje, y una fina línea del cielo sobre la ciudad se podía ver
en la lejanía.
Mientras el hombre de la ventana
describía todo esto con exquisito detalle, el hombre al otro lado de la
habitación cerraba sus ojos e imaginaba la pictórica escena.
Una cálida tarde el hombre de la
ventana describió un desfile en la calle. Aunque el otro hombre no podía oír la
banda de música- se la imaginaba conforme el otro le iba narrando todo con
pelos y señales. Los días y las semanas pasaron.
Una mañana, la enfermera entró
para encontrase el cuerpo sin vida del hombre al lado de la ventana, el cual
había muerto tranquilamente mientras dormía. Se puso muy triste y llamó al
doctor para que se llevaran el cuerpo. Tan pronto como consideró apropiado, el
otro hombre preguntó si se podía trasladar al lado de la ventana. La enfermera
aceptó gustosamente, y después de asegurarse de que el hombre estaba cómodo, le
dejó solo.
Lentamente, dolorosamente, se
apoyó sobre un codo para echar su primer vistazo fuera de la ventana.
Finalmente tendría la posibilidad de verlo todo con sus propios ojos.
Se retorció lentamente para mirar
fuera de la ventana que estaba al lado de la cama. Daba a un enorme muro
blanco. El hombre preguntó a la enfermera qué había pretendido el difunto
compañero contándole aquel maravilloso mundo exterior.
Y ella dijo: – Quizás sólo quería
animarle.
Actividad
1.
Copia el cuento.
2.
¿Qué enseñanza te dejo el cuento? Media página.
3.
Realiza una historieta del cuento. Mínimo diez cuadros.