Objetivo, sujeto y método de la investigación-acción-participativa. TALLLER 2

TALLER 2

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Objetivo, sujeto y método de la investigación-acción-participativa

Ubicamos el Análisis de Coyuntura dentro de la gran concepción metodológica de la Educación Popular que se denomina Investigación-Acción-Participativa (IAP). Por eso, antes que todo, daremos una breve explicación de sus elementos constitutivos.

Investigación - Acción

La realidad no se nos presenta en forma transparente, sino como un objeto opaco que requiere ser clarificado. Las cosas nos muestran sus apariencias, pero no su esencia. El papel de la investigación es descubrir la esencia de las cosas más allá de sus apariencias, de su corteza; descubrir las causas que las generan, su estructura y dinamismo, las leyes que las rigen. Decía Marx: "Si la esencia de las cosas coincidiera con sus apariencias, toda ciencia sobraría". Si fuera por las apariencias el sol es el que gira de la tierra. Pero "las apariencias engafan". Sólo la investigación científica mediante la observación, el análisis, las hipótesis, la experimentación, las deducciones, las comprobaciones, permite afirmar —y a qué costos— que la realidad es contraria a la apariencia: que es la tierra la que gira alrededor del sol.

Con todo, la investigación no termina con el conocimiento de la realidad, con la explicación de la naturaleza y de los acontecimientos; su objetivo último es "conocer para transformar". La investigación tiene por finalidad el conocimiento de la realidad física y social con el fin de orientar la acción hacia ella.

por otra parte, debemos precisar que la investigación social no es una tarea "neutral", libre de toda contaminación ideológica, algo tan 'científico" que posea resultados de "validez universal", sino que toda investigación tiene un carácter clasista, pues su naturaleza y objetivo están determinados por los intereses de clase de quienes la hacen, Ninguna investigación se hace “in vitro" sino que tiene implícitas o explícitas sus motivaciones, un conjunto de valores que la inspiran y orientan, y una finalidad definida.

En nuestras sociedades capitalistas dependientes, las clases dominantes que se han adueñado de los medios de producción económica se han apoderado también de los medios de producción cultural; tienen monopolizada la ciencia, promueven investigaciones y controlan sus resultados. Esto les garantiza y facilita orientar la sociedad de acuerdo con sus intereses.

El pueblo, por el contrario, no tiene desarrollados los medios y condiciones para conocer su propia realidad. La falta de conciencia en el pueblo permite a las clases en el poder, ejercer más fácilmente la explotación.

Para salir de la situación de injusticia en que se vive, el pueblo tiene que conocer críticamente la realidad, tomar conciencia de sus intereses, pues únicamente a partir de este conocimiento y de esta toma de conciencia podrá organizar mejor y plantear con acierto la acción para conseguir su liberación.

En este caso, el análisis de la realidad social se hace desde el "punto de vista" de los intereses del pueblo, o sea, que la investigación tiene por finalidad la transformación radical de la sociedad capitalista.

Para nosotros la investigación de la sociedad nunca se hace con fines academicistas, sino que siempre está relacionada con la causa popular, teniendo como función orientar y revitalizar las luchas populares. Por eso la denominamos "investigación militante". Nunca   se hace desvinculada de la acción; la acompaña siempre, siendo su punto de partida y su finalidad última.

Participativa

Esta investigación es auténticamente popular no sólo por el objetivo, sino por el sujeto que la realiza. La investigación militante no es una tarea propia y exclusiva de especialistas y para especialistas, que toman un grupo o comunidad como objeto de la misma, sino una tarea en la que la comunidad popular participa colectivamente: los obreros, los campesinos, la comunidad indígena, los habitantes de barrios populares, recogiendo y valorando el aporte y la experiencia de cada uno, aunque también reconociendo el aporte del intelectual y del político identificados con sus intereses y que los acompañan activamente en el proceso.

Las clases o sectores populares participan en las diferentes etapas del proceso investigativo y se benefician directamente de sus resultados llegando a ser el elemento dinamizador de su práctica.

Objetivo y método

 de la Investigación – Acción - Participativa

Los intereses antagónicos presentes en la investigación determinan la manera como se concibe la realidad y el método mismo de la investigación.

En efecto, existen dos formas opuestas de concebir y analizar la realidad.

Por una parte, tenemos una visión estática y fraccionada de la realidad social y un método positivista de analizarla.

Esta concepción de la sociedad ve los diferentes campos de la realidad social aislados y sin conexión intrínseca los unos con los otros. Cada uno de ellos constituye una realidad autónoma y completa en sí misma, con una relación meramente exterior, tangencial y accidental con las demás. En la sociedad existen la actividad económica, la lucha política, la práctica religiosa, los problemas de la salud, el ámbito educativo, los servicios públicos, etc. Cada una de estas áreas o tarcas es vista como una totalidad completa en sí misma, como un mundo aparte que debe, por tanto, tratarse y resolverse en el ámbito "propio", independientemente de las demás. Si la política, por ejemplo, tiene alguna relación con la ecónoma, o la economía con la educación, o la religión con la política, dicha relación es tangencial y ocasional.

Una concepción funcionalista ve los diferentes ámbitos de la sociedad como partes de un cuerpo en el cual cada órgano cumple una función. Cuando la sociedad está en crisis, no se debe a la estructura de la sociedad en cuanto tal, sino a que una parte (los valores. la familia, la política, etc.) no está cumpliendo su función, lo cual repercute en él "organismo en su totalidad.

Por otra parte, esta concepción ve a la sociedad como una realidad estática. Si se admiten cambios, estos son meramente cuantitativos y adjetivos, sin alterar la sociedad en su conjunto. La causa de los cambios no está al interior mismo de las cosas sino fuera, en la acción de fuerzas externas que actúan sobre ellas. Si hay un conflicto social, éste no se debe a las contradicciones sociales, sino a la influencia y acción de factores externos y enemigos de la democracia y el orden. En definitiva, esta concepción justifica la sociedad capitalista y la ideología individualista que la identifica con frases como estas: "siempre han existido y existirán ricos y pobres”, "el hombre es por naturaleza egoísta”. Obviamente, dentro de esta perspectiva todo cambio revolucionario es inconcebible y es necesariamente visto como el caos y el fin del mundo descrito en términos apocalípticos.

Aparece clara la incidencia que esta concepción tiene en la investigación. Por una parte, se analiza y se busca resolver cada uno de los problemas aisladamente como realidades independientes, tratando de superar su "disfuncionalidad" que altera todo el organismo social. Se estudia la salud en sí misma sin relación con los demás elementos sociales, sin relacionarla con el todo; cada parte es tomada como un todo autónomo. El análisis de la situación consiste en dar una información exhaustiva de cada una de las esferas de la realidad social y tener una multitud de datos y estadísticas de lo que ocurre en la sociedad, pero sin analizarlos en sus causas profundas, ni relacionarlos mutuamente. Predomina, pues, una investigación positivista, en la que se destacan los aspectos cuantitativos como acumulación de datos y descripción exhaustiva de los fenómenos. Procediendo de esta manera se evita ver las causas estructurales de los problemas, que únicamente aparecen cuando se ve la realidad como un todo y cada uno de los aspectos como "partes" de un sistema.

Por otra parte, se ve también el carácter reaccionario de esta investigación. Si todo cambio cualitativo es inadmisible en la sociedad, más aún, si éste es visto como un caos y anarquía, la investigación tiene como fin conservar y mejorar el funcionamiento del sistema imperante y evitar a toda costa que éste cambie.

Totalmente opuesta a esta manera de comprender la realidad y al tipo de investigación que de ella se deriva, tenemos una concepción del mundo y de la sociedad basada en el Materialismo Histórico y en la Dialéctica.

La sociedad no puede ser vista ni analizada como la suma o superposición de elementos aislados, sino que debe ser percibida y estudiada como totalidad orgánica, en la cual los diversos elementos son "partes" de un todo, que se relacionan entre sí, teniendo diversos grados de relación y determinación los unos hacia los otros.

De otro lado, tanto la naturaleza como la sociedad no son vistas como realidades estáticas e inmodificables, sino como unas realidades dinámicas en continuo movimiento y transformación, debido, fundamentalmente, no a factores externos, sino a las contradicciones que existen "al interior" de ellas mismas.

La contradicción existe universalmente, en todos los procesos, y en la base de todas las formas de movimiento, desde las más simples a las más complejas y recorre cada proceso desde el comienzo hasta el fin.

La dialéctica es, precisamente, el estudio de la contradicción en la esencia misma de las cosas.

La comprensión de la realidad como totalidad orgánica y en continuo movimiento y transformación debido a sus contradicciones internas, determina el carácter de la investigación: su finalidad última no es la interpretación de la realidad, sino el estudio crítico de la sociedad capitalista en su conjunto con miras a la transformación revolucionaria de la misma.

De lo anterior se desprende que una investigación de la realidad debe fundamentarse en una concepción científica de la historia que involucre una metodología que permita el análisis de la sociedad en su conjunto, definiendo su estructura, cada uno de los elementos que la componen y sus mutuas determinaciones, para de ahí poder definir los elementos conflictivos (contradicciones) que determinan la dinámica social. Esta concepción científica nos la. brinda el materialismo histórico y la dialéctica.

Por otra parte, el método dialéctico del conocimiento inspira y orienta el método investigativo; la práctica social se constituye en la fuente y finalidad de los mismos. kl conocimiento nace y se arraiga en la práctica y, pasando por la mediación teórica en cuanto análisis crítico sobre la realidad, vuelve a la práctica, iluminándola y orientándola para hacerla más eficazmente liberadora.

El método dialéctico de acción-reflexión-acción se constituye también en el método básico de la investigación científica.

El análisis de estructura y de coyuntura es un instrumento fundamental y adecuado para realizar la investigación de la realidad social vista como Investigación-Acción-Participativa basada en el materialismo histórico y la dialéctica. 

INTRODUCCION, TALLER 1

 

TALLER 1

ANALISIS DE ESTRUCTURA y EL ANALISIS DE COYUNTURA.

Mario Peresson

INTRODUCCION

Concebimos la Educación Popular como un proceso colectivo y permanente mediante el cual el pueblo va tomando conciencia de su propia realidad y de sus verdaderos intereses y va asumiendo el papel de sujeto histórico de su propia liberación. Mediante la educación popular el pueblo va aprendiendo a Leer críticamente la realidad y a Escribir su propia historia de liberación. Es, pues, una mediación que contribuye a desarrollar las condiciones subjetivas del proceso de cambio, a saber, la conciencia política y la organización de las masas populares y a rescatar y desarrollar su propia cultura.

Para poder cumplir esta tarea, la Educación Popular tiene que valerse de los métodos y medios adecuados. Uno de estos instrumentos, por demás importantísimo, es el ANALISIS DE ESTRUCTURA y EL ANALISIS DE COYUNTURA.

Los sectores populares, en efecto, deben apropiarse del conocimiento de la historia para comprender los acontecimientos que se van dando y adueñarse del conocimiento de la sociedad para tomar conciencia de acuerdo con qué intereses se le administra y poder actuar así sobre ella.

Con frecuencia se ven los acontecimientos en forma fatalista (¡tenía que suceder!) o providencialista (Dios así lo quiere) y al analizar la sociedad se lo hace de una manera descriptiva, atendiendo a las apariencias sin llegar a las causas de los problemas.

Se trata de un análisis y conocimiento ingenuos. Se desconoce cuál es la dinámica de la historia y cómo está estructurada y funciona la sociedad. Se atienden y analizan las manifestaciones de la vida económica, social, política, cultural e ideológica sin comprender las relaciones causales con la estructura que las origina y explica.

Para dar respuesta a esta situación y necesidad, el análisis de estructura y el análisis periódico de la coyuntura deben ocupar un puesto destacado en la educación popular. En efecto, ellos:

·         Permiten ver la realidad histórica, no como un sucederse anárquico y fatalista de hechos, sino como un proceso dialéctico, con una dinámica y lógica propias, que se desarrolla a partir de las contradicciones presentes en la realidad misma.

·         Permiten, además, ir más allá de una visión superficial y desarticulada de la realidad social, integrando y relacionando sus diferentes aspectos (lo económico, lo político y lo ideológico) en una estructura global y vincular y relacionar los ámbitos local, nacional e internacional del acontecer histórico.

·         El análisis de coyuntura se convierte en un medio educativo excepcional, pues contribuye eficazmente a elevar los niveles de conciencia y de organización. de la comunidad, fortaleciendo su capacidad de análisis de la realidad y su iniciativa histórica.

Mediante él los sectores populares dejan de ser simples consumidores de cañillas de vulgarización de estudios elaborados por otros y comienzan a producir sus propios conocimientos, aportando la riqueza de la propia experiencia, investigación y reflexión.

·         Finalmente permite, con base en una comprensión adecuada del momento histórico, elaborar planes de acción conforme a las circunstancias y reales necesidades.

El objetivo, pues, de este trabajo es presentar algunos elementos teóricos y metodológicos que permitan a los grupos de base hacer el propio análisis de estructura y de coyuntura, que les posibilite organizar más eficazmente su acción.

GOBIERNO ESCOLAR

 GOBIERNO ESCOLAR

https://www.moe.org.co/wp-content/uploads/2019/02/Cartilla-Elecciones-Gobierno-Escolar.pdf


EL ISLAM, Taller 1

 

TALLER 1

EL ISLAM

1.       ¿Qué es el monoteísmo?

2.       ¿De qué religión proviene el islam?

3.       ¿En qué territorio nació el islam?

4.       ¿Quién fundo el islam?

5.       ¿Cuál es el libro sagrado del islam?

6.       ¿Qué ángel le hablo a Mahoma?

7.       ¿Por qué los ricos persiguen a Mahoma?

8.       ¿Qué es el ramadán?

9.       ¿Cuáles son las sectas del islam?

10.   ¿Cuáles son los pilares del islam?

11.   ¿Cómo se llaman los templos de los musulmanes?

12.   ¿Qué es la yihad?

13.   ¿Por qué se da la expansión del islam?

 

https://www.youtube.com/watch?v=P6Yj9GPib3A

 

George Washington y el cerezo. Taller 2

 TALLER 2

George Washington y el cerezo

Cuando George Washington era un niño, vivía en una granja en Virginia. Su padre había plantado un huerto de árboles frutales. Allí había limoneros, melocotoneros, perales, ciruelos y cerezos. Un día recibió un cerezo particularmente hermoso. Lo plantó en un extremo del huerto y advirtió a todo el mundo de la granja que tuviesen mucho cuidado para que nadie lo rompiera o dañara.

 El cerezo creció bien y una primavera se cubrió de flores blancas. El señor Washington estaba encantado al pensar que el arbolito pronto le daría cerezas. Fue justo entonces cuando a George le regalaron un hacha nueva y reluciente. La cogió y salió a cortar ramitas, a golpear los postes de las cercas y a talar todo lo que le salía al paso. Finalmente, llegó al extremo del huerto, y pensando solamente en lo bien que cortaba su hacha, asestó un golpe al pequeño cerezo. La corteza era blanda y se cortaba con tal facilidad que George acabó abatiendo el árbol y luego se marchó a seguir jugando.

 Esa noche, cuando el señor Washington se acercó al huerto para contemplar su cerezo, lo vio cortado. ¿Quién había osado hacer una cosa como ésa?, preguntó a todo el mundo, pero nadie supo decirle nada. Entonces llegó George.

- George —le llamó furioso su padre—. ¿Sabes quién ha matado mi cerezo?

Ésa era una pregunta difícil de contestar. George vaciló un momento, pero pronto recobró el valor.

- No debo mentir, padre —contestó— Lo hice yo con mi hacha.

El señor Washington miró a George.

- Vete a casa, hijo —dijo el señor Washington severamente—.

George se sentía muy infeliz y avergonzado. Sabía que había actuado a la ligera y sin pensar, y que su padre

tenía motivos para sentirse disgustado.

 Poco después, el señor Washington le dijo:

- Ven aquí, muchacho. Dime, ¿por qué has cortado el árbol?

- Estaba tan enfrascado jugando que lo hice sin pensar —dijo George—.

- Y ahora el árbol está muerto. Nunca nos dará cerezas. Y lo que es peor, no has tenido cuidado.

- Lo siento padre.

- Mírame —dijo el señor Washington—.

Siento haber perdido mi cerezo, pero me alegro de que hayas tenido el suficiente valor para decirme la verdad.

- Prefiero que seas valiente y digas la verdad antes que tener un huerto lleno de cerezas. Nunca olvides esto, hijo.

George Washington nunca lo olvidó. Al final de su vida continuaba tan valiente y honesto como lo había sido

cuando era niño.

 Autor: Mason Locke Weems

(Biografía: La vida de George Washington).

Piensa éticamente

1.       ¿Qué opinas del comportamiento de George y de la reacción de su padre?

2.       Cuando tú eras pequeño, ¿decías mentiras o hablabas con la verdad?

3.       ¿Qué te dicen tus padres acerca de la mentira?

 

Reflexiona un momento individualmente…

4.       Escribe tres consecuencias de la mentira en:

-          La casa

-          La vereda

-          La institución educativa

Piensa éticamente sobre la confianza

5.       ¿Qué sucede cuando la persona en quién confías te miente?

6.       ¿Le mentirías a alguien a quién quieres mucho?

7.       Cuando has mentido ¿cómo te has sentido?

8.       ¿Crees que la mentira lleva a algo bueno?

9.       ¿Alguna vez has estado involucrado en una mentira que hayan dicho de ti?

10.   ¿Consideras justo que alguien mienta sobre ti o sobre alguien más?

EL SAPO Y EL ZORRO taller 1

 

Taller 1

 

1-    Copia el cuento.

2-    Realice una reflexión de media página con la enseñanza que te deja el cuento.

3-    Realiza una historieta de diez cuadros sobre el cuento.

 

EL SAPO Y EL ZORRO


Por César Fernández A.

En cierta ocasión, el zorro se encontró con el sapo. El zorro, creyéndose sobrado y viendo pequeño y débil al sapo, le dijo a éste:

-Compadre sapo, ¿qué te parece si hacemos una competencia de velocidad?

Y el sapo, deteniéndose a pensar por un instante, le contestó:

-De acuerdo compadrito, mañana a la salida del sol nos encontramos en este mismo lugar. Pero la distancia que tengamos que recorrer será de una legua.

Y se despidieron hasta la mañana siguiente. Al amanecer del día siguiente, tanto el zorro como el sapo se presentaron bien preparados, prestos a correr.

En cuanto comenzó la competencia, el zorro tomó ventaja. Había partido como arrebatado por el viento. El zorro se burlaba de los saltitos del sapo.

- Crees que con esos saltos ridículos podrás vencerme a mí que soy tu papá.

Así quiso burlarse del sapo.

El sapo, sin hacer caso del zorro, siguió brincando. El zorro, ya a una buena distancia, se volvió a mirar al sapo y no lo vio. Así que emprendió nuevamente una veloz carrera. Pero, en eso, vio al sapo delante de él. Se asustó y empezó a correr a mayor velocidad. Sin embargo, cada vez veía al sapo delante de él, lo que provocaba que el zorro corriese más rápido. Sólo faltaba un paso para acabar la competencia y el zorro se sabía ganador, de modo que se dio media vuelta para divisar al sapo y ya no vio al sapo detrás suyo. Sin embargo, cuando se disponía a dar el paso del triunfo, se asustó mucho por-que vio que el sapo se le había adelantado, ganándole la competencia. El sapo ya estaba descansando. Así que el zorro perdió la competencia.

¿Cómo ganó el sapo la competencia?

Sigue leyendo y más adelante encontrarás la respuesta.

Muchas personas en la vida se creen sobradas, se consideran únicas y menosprecian a otros seres que al parecer no tienen el tamaño o la capacidad para hacer las cosas.

Muchas personas desconocen el talento de otros e incluso los retan de palabra, olvidando que lo que cuenta son los resultados.

En la vida. mis amigos, lo que cuenta es la capacidad de hacer equipo para sacar distintas ideas y retos que nos imponen el diario despertar.

El sapo ganó la competencia porque a lo largo del trayecto se colocaron diez sapos. Por tanto, cada vez que el zorro Pedro se volvía a ver al sapo, era otro sapo el que aparecía delante suyo.

De ese modo fue como los sapos ganaron la carrera.

CAPITULO PRIMERO, TALLER 2

 TALLER 2

CAPITULO PRIMERO

DE QUÉ VA LA ÉTICA

Ética para Amador, Fernando Savater

Hay ciencias que se estudian por simple interés de saber cosas nuevas; otras, para aprender una destreza que permita hacer o utilizar algo; la mayoría, para obtener un puesto de trabajo y ganarse con él la vida. Si no sentimos curiosidad ni necesidad de realizar tales estudios, podemos prescindir tranquilamente de ellos. Abundan los conocimientos muy interesantes pero sin los cuales uno se las arregla bastante bien para vivir: yo, por ejemplo, lamento no tener ni idea de astrofísica ni de ebanistería, que a otros les darán tantas satisfacciones, aunque tal ignorancia no me ha impedido ir tirando hasta la fecha. Y tú, si no me equivoco, conoces las reglas del fútbol pero estás bastante pez en béisbol. No tiene mayor importancia, disfrutas con los mundiales, pasas olímpicamente de la liga americana y todos tan contentos.

Lo que quiero decir es que ciertas cosas uno puede aprenderlas o no, a voluntad. Como nadie es capaz de saberlo todo, no hay más remedio que elegir y aceptar con humildad lo mucho que ignoramos. Se puede vivir sin saber astrofísica, ni ebanistería, ni fútbol, incluso sin saber leer ni escribir: se vive peor, si quieres, pero se vive. Ahora bien, otras cosas hay que saberlas porque en ello, como suele decirse, nos va la vida. Es preciso estar enterado, por ejemplo, de que saltar desde el balcón de un sexto piso no es cosa buena para la salud; o de que una dieta de clavos (¡con perdón de los fakires!) y ácido prúsico no permite llegar a viejo. Tampoco es aconsejable ignorar que si uno cada vez que se cruza con el vecino le atiza un mamporro las consecuencias serán antes o después muy desagradables. Pequeñeces así son importantes. Se puede vivir de muchos modos pero hay modos que no dejan vivir.

En una palabra, entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible: el de que ciertas cosas nos convienen y otras no. No nos convienen ciertos alimentos ni nos convienen ciertos comportamientos ni ciertas actitudes. Me refiero, claro está, a que no nos convienen si queremos seguir viviendo. Si lo que uno quiere es reventar cuanto antes, beber lejía puede ser muy adecuado o también procurar rodearse del mayor número de enemigos posibles. Pero de momento vamos a suponer que lo que preferimos es vivir: los respetables gustos del suicida los dejaremos por ahora de lado. De modo que ciertas cosas nos convienen y a lo que nos conviene solemos llamarlo «bueno» porque nos sienta bien; otras, en cambio, nos sientan pero que muy mal y a todo eso lo llamamos «malo». Saber lo que nos conviene, es decir: distinguir entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir -todos sin excepción- por la cuenta que nos trae.

Como he señalado antes, hay cosas buenas y malas para la salud: es necesario saber lo que debemos comer, o que el fuego a veces calienta y otras quema, así como el agua puede quitar la sed pero también ahogarnos. Sin embargo, a veces las cosas no son tan sencillas: ciertas drogas, por ejemplo, aumentan nuestro brío o producen sensaciones agradables, pero su abuso continuado puede ser nocivo. En unos aspectos son buenas, pero en otros malas: nos convienen y a la vez no nos convienen. En el terreno de las relaciones humanas, estas ambigüedades se dan con aún mayor frecuencia. La mentira es algo en general malo, porque destruye la confianza en la palabra -y todos necesitamos hablar para vivir en sociedad- y enemista a las personas; pero a veces parece que puede ser útil o beneficioso mentir para obtener alguna ventajilla. O incluso para hacerle un favor a alguien. Por ejemplo: ¿es mejor decirle al enfermo de cáncer incurable la verdad sobre su estado o se le debe engañar para que pase sin angustia sus últimas horas? La mentira no nos conviene, es mala, pero a veces parece resultar buena. Buscar gresca con los demás ya hemos dicho que es por lo común inconveniente, pero ¿debemos consentir que violen delante de nosotros a una chica sin intervenir, por aquello de no meternos en líos? Por otra parte, al. que siempre dice la verdad -caiga quien caiga- suele cogerle manía todo el mundo; y quien interviene en plan Indiana Jones para salvar a la chica agredida -es más probable que se vea con la crisma rota que quien se va silbando a su casa. Lo malo parece a veces resultar más o menos bueno y lo bueno tiene en ocasiones apariencias de malo. Vaya jaleo.

Lo de saber vivir no resulta tan fácil porque hay diversos criterios opuestos respecto a qué debemos hacer. En matemáticas o geografía hay sabios e ignorantes, pero los sabios están casi siempre de acuerdo en lo fundamental. En lo de vivir, en cambio, las opiniones distan de ser unánimes. Si uno quiere llevar una vida emocionante, puede dedicarse a los coches de fórmula uno o al alpinismo; pero si se prefiere una vida segura y tranquila, será mejor buscar las aventuras en el videoclub de la esquina. Algunos aseguran que lo más noble es vivir para los demás y otros señalan que lo más útil es lograr que los demás vivan para uno. Según ciertas opiniones lo que cuenta es ganar dinero y nada más, mientras que otros arguyen que el dinero sin salud, tiempo libre, afecto sincero o serenidad de ánimo no vale nada. Médicos respetables indican que renunciar al tabaco y al alcohol es un medio seguro de alargar la vida, a lo que responden fumadores y borrachos que con tales privaciones a ellos desde luego la vida se les haría mucho más larga. Etc.

En lo único que a primera vista todos estamos de acuerdo es en que no estamos de acuerdo con todos. Pero fíjate que también estas opiniones distintas coinciden en otro punto: a saber, que lo que vaya a ser nuestra vida es, al menos en parte, resultado de lo que quiera cada cual. Si nuestra vida fuera algo completamente determinado y fatal, irremediable, todas estas disquisiciones carecerían del más mínimo sentido. Nadie discute si las piedras deben caer hacia arriba o hacia abajo: caen hacia abajo y punto. Los castores hacen presas en los arroyos y las abejas panales de celdillas exagonales: no hay castores a los que tiente hacer celdillas de panal, ni abejas que se dediquen a la ingeniería hidráulica. En su medio natural cada animal parece saber perfectamente lo que es bueno y lo que es malo para él si discusiones ni dudas. No hay animales malos ni buenos en la naturaleza, aunque quizá la mosca considere mala a la araña que tiende su trampa y se la come. Pero es que 1a araña no lo puede remediar...

Voy a contarte un caso dramático. Ya conoces a las termitas, esas hormigas blancas que en África levantan impresionantes hormigueros de varios metros de alto y duros como la piedra. Dado que el cuerpo de las termitas es blando, por carecer de la coraza quitinosa que protege a otros insectos, el hormiguero les sirve de caparazón colectivo contra ciertas hormigas enemigas, mejor armadas que ellas. Pero a veces uno de esos hormigueros se derrumba, por culpa de una riada o de un elefante (a los elefantes les gusta rascarse los flancos contra los termiteros, qué le vamos a hacer). En seguida, las termitas-obrero se ponen a trabajar para reconstruir su dañada fortaleza, a toda prisa. Y las grandes hormigas enemigas se lanzan al asalto. Las termitas-soldado salen a defender a su tribu e intentan detener a las enemigas. Como ni por tamaño ni por armamento pueden competir con ellas, se cuelgan de las asaltantes intentando frenar todo lo posible su marcha, mientras las feroces mandíbulas de sus asaltantes las van despedazando. Las obreras trabajan con toda celeridad y se ocupan de cerrar otra vez el termitero derruido... pero lo cierran dejando fuera a las pobres y heroicas termitas-soldado, que sacrifican sus vidas por la seguridad de las demás. ¿No merecen acaso una medalla, por lo menos? ¿No es justo decir que son valientes?

Cambio de escenario, pero no de tema. En la Ilíada, Homero cuenta la historia de Héctor, el mejor guerrero de Troya, que espera a pie firme fuera de las murallas de su ciudad a Aquiles, el enfurecido campeón de los aqueos, aun sabiendo que éste es más fuerte que él y que probablemente va a matarle. Lo hace por cumplir su deber, que consiste en defender a su familia y a sus conciudadanos del terrible asaltante. Nadie duda de que Héctor es un héroe, un auténtico valiente. Pero ¿es Héctor heroico y valiente del mismo modo que las termitas-soldado, cuya gesta millones de veces repetida ningún Homero se ha molestado en contar? ¿No hace Héctor, a fin de cuentas, lo mismo que cualquiera de las termitas anónimas? ¿Por qué nos parece su valor más auténtico y más difícil que el de los insectos? ¿Cuál es la diferencia entre un caso y otro?

Sencillamente, la diferencia estriba en que las termitas-soldado luchan y mueren porque tienen que hacerlo, sin poderlo remediar (como la araña que se come a la mosca). Héctor, en cambio, sale a enfrentarse con Aquiles porque quiere. Las termitas-soldado no pueden desertar, ni rebelarse, ni remolonear para que otras vayan en su lugar: están programadas necesariamente por la naturaleza para cumplir su heroica misión. El caso de Héctor es distinto. Podría decir que está enfermo o que no le da la gana enfrentarse a alguien más fuerte que él. Quizá sus conciudadanos le llamasen cobarde y le tuviesen por un caradura o quizá le preguntasen qué otro plan se le ocurre para frenar a Aquiles, pero es indudable que tiene la posibilidad de negarse a ser héroe. Por mucha presión que los demás ejerzan sobre él, siempre podría escaparse de lo que se supone que debe hacer: no está programado para ser héroe, ningún hombre lo está. De ahí que tenga mérito su gesto y que Homero cuente su historia con épica emoción. A diferencia de las termitas, decimos que Héctor es libre y por eso admiramos su valor.

Y así llegamos a la palabra fundamental de todo este embrollo: libertad. Los animales (y no digamos ya los minerales o las plantas) no tienen más remedio que ser tal como son y hacer lo que están programados naturalmente para hacer. No se les puede reprochar que lo hagan ni aplaudirles por ello porque no saben comportarse de otro modo. Tal disposición obligatoria les ahorra sin duda muchos quebraderos de cabeza. En cierta medida, desde luego, los hombres también estamos programados por la naturaleza. Estamos hechos para beber agua, no lejía, y a pesar de todas nuestras precauciones debemos morir antes o después. Y de modo menos imperioso pero parecido, nuestro programa cultural es determinante: nuestro pensamiento viene condicionado por el lenguaje que le da forma (un lenguaje que se nos impone desde fuera y que no hemos inventado para nuestro uso personal) y somos educados en ciertas tradiciones, hábitos, formas de comportamiento, leyendas ... ; en una palabra, que se nos inculcan desde la cunita unas fidelidades y no otras. Todo ello pesa mucho y hace que seamos bastante previsibles. Por ejemplo, Héctor, ese del que acabamos de hablar. Su programación natural hacia que Héctor sintiese necesidad de protección, cobijo y colaboración, beneficios que mejor o peor encontraba en su ciudad de Troya. También era muy natural que considerara con afecto a su mujer Andrómaca -que le proporcionaba compañía placentera- y a su hijito, por el que sentía lazos de apego biológico-Culturalmente, se sentía parte de Troya Y compartía con los troyanos la lengua, las costumbres y las tradiciones. Además, desde pequeño le habían educado para que fuese un buen guerrero al servicio de su ciudad y se le dijo que la cobardía era algo aborrecible, indigno de un hombre. Si traicionaba a los suyos, Héctor sabía que se vería despreciado y que le castigarían de uno u otro modo. De modo que también estaba bastante programado para actuar como lo hizo, ¿no? Y sin embargo...

Sin embargo, Héctor hubiese podido decir: ¡a la porra con todo! Podría haberse disfrazado de mujer para escapar por la noche de Troya, o haberse fingido enfermo o loco para no combatir, o haberse arrodillado ante Aquiles ofreciéndole sus servicios como guía para invadir Troya por su lado más débil; también podría haberse dedicado a la bebida o haber inventado una nueva religión que dijese que no hay que luchar contra los enemigos sino poner la otra mejilla cuando nos abofetean. Me dirás que todos estos comportamientos hubiesen sido bastante raros, dado quien era Héctor y la educación que había recibido. Pero tienes que reconocer que no son hipótesis imposibles, mientras que un castor que fabrique panales o una termita desertora no son algo raro sino estrictamente imposible. Con los hombres nunca puede uno estar seguro del todo, mientras que con los animales o con otros seres naturales sí por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podernos optar finalmente por algo que no esté en el programa (al menos, que no esté del todo). Podemos decir «sí» o «no», quiero o no quiero. Por muy achuchados que nos veamos por las circunstancias, nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios.

Cuando te hablo de libertad es a esto a lo que me refiero. A lo que nos diferencia de las termitas y de las mareas, de todo lo que se mueve de modo necesario e irremediable. Cierto que no podemos hacer cualquier cosa que queramos, pero también cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa. Y aquí conviene señalar dos aclaraciones respecto a la libertad:

Primera: No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, de tales padres y en tal país, padecer un cáncer o ser atropellados por un coche, ser guapos o feos, que los aqueos se empeñen en conquistar nuestra ciudad, etc.), sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados, vestirnos a la moda o disfrazarnos de oso de las cavernas, defender Troya o huir, etc.).

Segunda: Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible). Por ello, cuanta más capacidad de accción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad. Soy libre de querer subir al monte Everest, pero dado mi lamentable estado físico y mi nula preparación en alpinismo es prácticamente imposible que consiguiera mi objetivo. En cambio soy libre de leer o no leer, pero como aprendí a leer de pequeñito la cosa no me resulta demasiado difícil si decido hacerlo. Hay cosas que dependen de mi voluntad (y eso es ser libre) pero no todo depende de mi voluntad (entonces sería omnipotente), porque en el mundo hay otras muchas voluntades y otras muchas necesidades que no controlo a mi gusto. Si no me conozco ni a mí mismo ni al mundo en que vivo, mi libertad se estrellará una y otra vez contra lo necesario. Pero, cosa importante, no por ello dejaré de ser libre... aunque me escueza.

En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad, desde terremotos o enfermedades hasta tiranos. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza. Si hablas con la gente, sin embargo, verás que la mayoría tiene mucha más conciencia de lo que limita su libertad que de la libertad misma. Te dirán: «¿Libertad? ¿Pero de qué libertad me hablas? ¿cómo vamos a ser libres, si nos comen el coco desde la televisión, si los gobernantes nos engañan y nos manipulan, si los terroristas nos amenazan, si las drogas nos esclavizan, y si además me falta dinero para comprarme una moto, que es lo que yo quisiera?» En cuanto te fijes un poco, verás que los que así hablan parece que se están quejando pero en realidad se encuentran muy satisfechos de saber que no son libres. En el fondo piensan: «¡Uf! ¡Menudo peso nos hemos quitado de encima! Como no somos libres, no podemos tener la culpa de nada de lo que nos ocurra ... »Pero yo estoy seguro de que nadie -nadie- cree de veras que no es libre, nadie acepta sin más que funciona como un mecanismo inexorable de relojería o como una termita. Uno puede considerar que optar libremente por ciertas cosas en ciertas circunstancias es muy difícil (entrar en una casa en llamas para salvar a un niño, por ejemplo, o enfrentarse con firmeza a un tirano) y que es mejor decir que no hay libertad para no reconocer que libremente se prefiere lo más fácil, es decir, esperar a los bomberos o lamer la bota que le pisa a uno el cuello. Pero dentro de las tripas algo insiste en decirnos: «Si tú hubieras querido ...»

Cuando cualquiera se empeñe en negarte que los hombres somos libres, te aconsejo que le apliques la prueba del filósofo romano. En la antigüedad, un filósofo romano discutía con un amigo que le negaba la libertad humana y aseguraba que todos los hombres no tienen más remedio que hacer lo que hacen. El filósofo cogió su bastón y comenzó a darle estacazos con toda su fuerza. «¡Para, ya está bien, no me pegues más!», le decía el otro. Y el filósofo, sin dejar de zurrarle, continuó argumentando: «¿No dices que no soy libre y que lo que hago no tengo más remedio que hacerlo? Pues entonces no gastes saliva pidiéndome que pare: soy automático. » Hasta que el amigo no reconoció que el filósofo podía libremente dejar de pegarle, el filósofo no suspendió su paliza. La prueba es buena, pero no debes utilizarla más que en último extremo y siempre con amigos que no sepan artes marciales...

En resumen: a diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética. De ello, si tienes paciencia, seguiremos hablando en las siguientes páginas de este libro.

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«¿Y si ahora, dejando en el suelo el abollonado escudo y el fuerte casco y apoyado la pica contra el muro, saliera al encuentro del inexorable Aquiles, le dijera que permitía a los Atridas llevarse a Helena y las riquezas que Alejandro trajo a llión en las cóncavas naves, que esto fue lo que originó la guerra, y le ofreciera repartir a los aqueos la mitad de lo que la ciudad contiene y más tarde tomara juramento a los troyanos de que, sin ocultar nada, formasen dos lotes con cuantos bienes existen dentro de esta hermosa ciudad?... Mas ¿por qué en tales cosas me hace pensar el corazón?» (Homero, Ilíada).

«La libertad no es una filosofía y ni siquiera es una idea: es un movimiento de la conciencia que nos lleva, en ciertos momentos, a pronunciar dos monosílabos: Sí o No. En su brevedad instantánea, como a la luz del relámpago, se dibuja el signo contradictorio de la naturaleza humana» (Octavio Paz, La otra voz).

«La vida del hombre no puede "ser vivida" repitiendo los patrones de su especie; es él mismo -cada uno- quien debe vivir. El hombre es el único animal que puede estar fastidiado, que puede estar disgustado, que puede sentirse expulsado del paraíso» (Erich Fromm, Ética y psicoanálisis).

CUESTIONARIO

1.   Realice un resumen del capítulo.
2.   Según la lectura que es lo bueno y lo malo, de dos ejemplos de cada uno.
3.   Que dice el texto sobre la mentira, diga tu opinión.
4.   De las historias de las termitas y de Héctor cuál es tu conclusión, explíquela.  
5.   Que nos dice el texto a cerca de la libertad, de su opinión.
6.   Realice en una historieta de mínimo 10 cuadros la historia de las termitas y de Héctor.